Ayer, a pesar de hacer un frio que pelaba, a eso de las cuatro y media, cuando llegué a casa, llamé a mi colega Roi para que se animara a venir conmigo. A las cinco ya estábamos manos a la obra.
La ruta es bastante corta, ya que disponíamos de poco más de una hora de sol y combina el asfalto de las pistas de Orbazai con los caminos pedregosos del Monte Segade.





